A mí, no me los acabarán, ¿comprende?

no dejó nunca nadie indiferente. Pasa lo mismo con su recuerdo. Por un lado, hay un puñado de estudiosos de su voluminosa -y en parte inaccessible- obra; por otro, una inmensa mayoría que no sabe nada o casi nada de una de las figuras más interesantes del pensamiento catalán contemporáneo.

Rentista -un modus vivendi prácticamente extinguido-, acuñó la célebre frase: “llegará un día que los catalanes lo tendremos todo pagado”.

Definir Pujols en tan poco espacio es casi imposible: poeta maragalliano -ganó la Flor Natural en los Juegos Florales de 1903-, crítico de arte y secretario de la Asociación de las Artes y los Artistas, erudito ensayista e historiador, director del semanario sicalíptico Papitu, fabricante de jugosas anécdotas y fundador de un sistema filosófico -hiparxiologia o pantologia- que recoge la herencia del pensamiento de Llull y Ramon Sibiuda.

Pujols, su apellido lo revela, es la versión adaptada al paisaje local del fundador del género del ensayo, Michel de Montaigne.

Parte de su fama contemporánea se debe a la admiración que le profesaba Salvador Dalí. El figuerense reeditó y tradujo al francés su notable ensayo La visión artística y religiosa de Gaudí, y pretendió hospedar el despacho de Pujols en el interior del Teatro-Museo de Figueres. Ahora parece que los más jóvenes lo están redescubriendo…

Pujols, por cierto, nació en esta planta donde ahora está la Fundación Setba, en el epicentro barcelonés, lejos de “las casas que se iban construyendo en el Eixample, como un rebaño de ovejas pastando en los prados del Paseo de Gracia”.

Si tenemos que creer a Josep Pla, Pujols fue “un terrorista del espíritu”. Tras frecuentar las principales tertulias barcelonesas, se instaló en la Torre de las horas, en Martorell, y se dedicó a perfeccionar un sistema que dejó inacabado, entre pilas de papeles de grafía indescifrable.

Ricard Mas
Historiador i crítico de arte